Mil soles brillarán sobre ti, Mil lunas se estremecerán, Y por tus riberas, mis pies ya no andarán, Ya no, eternamente. A thousand suns will stream on thee, A thousand moons will quiver; But not by thee my steps shall be, For ever and for ever.
En mi tierra llueve en un solo día lo que tendría que llover en varios meses, años, incluso. Un tsunami de agua dulce asoló todo en un instante, arrasando lo que se encontró a su paso. Lo peor, la pérdida de vidas humanas. También, aunque en menor medida, las materiales, que vienen a sumarse a la tragedia del terremoto de Lorca del año pasado. El único consuelo que nos queda es comprobar, una vez más, la utilidad de los pantanos, que evitaron una desgracia mayor, la acción de los cuerpos de seguridad y emergencias, las historias individuales de los héroes que salvan vidas, a veces a costa de las suyas propias...
Y asomarse a la ventana, tras el amanecer, y ver que después de la tormenta, siempre luce el sol.
Cada uno de nosotros puede elegir.
Tomar las cosas por el lado bueno o por el malo.
Ver la copa medio vacía o medio llena.
Recibir los acontecimientos con la sonrisa o apretando los puños.
Decir "es una catástrofe" o "todo va a arreglarse".
Verlo todo negro o de color.
Ser tranquilo y abierto o agresivo y cerrado...
Y decidir hacer así de la existencia
Un camino de flores o una camino de espinas.
Louise Brooks: "Eugene Richee used to take sixty shots in two hours.
We never said a word to each other. Perfect relationship".
El fotógrafo Eugene Robert Richee (1896-1972) trabajó para los estudios de la Paramount entre 1925 y 1935. Algunas de sus fotos más reconocidas son las que hizo a la actriz Louise Brooke.
Les oiseaux vous poursuvirent,Subversion des images. Paul Nougé (1929-1930)
"Se concibe aquí la noción del objeto en sentido filosófico (...) Lo más banal y lo más simple, como lo más complejo, pueden afectar de un modo idéntico, como una cosa 'jamás vista' y del todo misteriosa, en una palabra, 'incomprensible': una cuerda, una mesa, un pan, una palabra, un dibujo, un cuadro, una acción observada o narrada, un recuerdo, una idea. El poder de la fascinación del objeto, su virtud de provocación, es imprevisible (...) Pero, ¿de dónde le vendrá al objeto esa virtud subversiva? Se sabe: de la capacidad de ocupar la conciencia humana al punto de romper su flujo monótono, al punto de forzar al espíritu a inventar cómo hacerse otro" (Paul Nougé).
"No basta con crear un objeto, no le basta ser para que se vea. Es necesario mostrarlo, es decir, excitar en el espectador, por algún artificio, el deseo, la necesidad de verlo" (Paul Nougé).
Y aquí ese gran "autor oculto" que fue el poeta y científico Paul Nougé (1895-1967) sin que el no podría entenderse la obra de René Magritte, que le pintó este retrato en 1927. De hecho, la mayor parte de los títulos de la interesante obra del artista belga fueron inventados por este genio que siempre quiso estar en el anonimato. Como ha señalado Luis Puelles: "Nougé, desinteresado de todo lucimiento por parecerle contrario a sus convicciones artísticas, persigue el anonimato, imprescindible para provocar el efecto de extrañamiento sin neutralizarlo bajo la evidencia de su autoría" (Colección Infraleves, 7, Cendeac, 2007).
He aquí una de las imágenes más bellas de toda la historia del arte. A Paul Valéry no le gustaba verla encerrada entre las paredes de un museo, transformada para siempre en documento. A mí me ha gustado verla así, prisionera, en aquellos años de la Segunda Guerra Mundial que pasó del Louvre al castillo de Valençay, que para Georges Sand era uno de los lugares más bellos del mundo. Belleza representaba y de belleza siempre estuvo rodeada.
Desde 1821 hasta ahora siempre estuvo en el Grand Musée del Louvre, después de que un campesino la encontrara en una de las islas Cícladas, la de Milo. Los turcos la reclamaron apenas pasó a manos francesas y se la volvieron a reclamar a André Malraux en los años sesenta del siglo XX. Malraux, aquel político e intelectual que frente a Valéry pensaba que los museos sí producían metamorfosis beneficiosas para las obras y para la historia del arte. Me gusta así, atada con una cuerda, en el trasiego de esos hechos azarosos que a veces atañen al arte y a los museos. Ligada a un instante que no se volverá a repetir jamás pero que queda para siempre perpetuado en el objetivo, pincel de luz, del fotógrafo.
László Moholy-Nagy, 7 A.M. (New Year’s Morning), ca. 1930
László Moholy-Nagy, Ascona, 1935
Agosto es como el Año Nuevo de Moholy... la ciudad se queda desierta. Mudamos neuronas y piel mientras el estío decae de forma lenta en una larga y calma despedida de sucesivos días de sol y arena.
El agua serpentea de luz y se evapora en las huellas de decadentes balnearios. Los bullicios de caldeadas noches viejas anuncian el otoño de un nuevo mañana.
En los años 30 hubo un cambio radical en la estética de la mujer. Se pasó de una mujer femenina muy frágil, con mucha dulzura, que fue el prototipo de mujer que marcó los años 10 y 20, a una mujer de estética fría, seria, poco femenina, con aire duro y masculino. El cambio vino dado por las circunstancias de la época, I Guerra Mundial, las mujeres tomaron la posición de los hombres ya que ellos fueron a la Guerra. La única tendencia que se mantuvo fue la palidez en el rostro. Lo más representativo del maquillaje de los años 30 fue que, a diferencia de otros posteriores, éste nunca se volvió a repetir.El icono estético mas representativo donde podemos ver ese maquillaje es en Greta Garbo en los años 30.
En los 20 tenia una estética completamente diferente. El maquillaje era muy poco alegre, muy serio, las pieles eran muy claras y el tono de piel muy unificado, se seguían llevando la matización con polvos de arroz muy blancos. Lo más curioso de este maquillaje, es que en la delineación superior del ojo se trazaba una línea negra desde el lagrimal hasta el final del ojo que tenía una especie de montañita en el centro. En el lado opuesto al lagrimal, el rabillo, se trazaba un triángulo en forma descendente con lápiz negro que no se rellenaba. Marcaban una banana en marrón alargando la cuenca de manera descendente, difuminaban la banana y repasaban con una forma marrón. El párpado móvil solía usar un color marfil, beige o crema. En el arco supracilial el mismo color que en el párpado móvil. Se marcaba con máscara de pestañas las superiores enteras muy marcadas, y abajo sólo a la mitad, dos cuartos de la delineación inferior. La ceja que marcó tendencia en la época era una ceja redonda muy finita y con una gran tendencia a la caída. Los labios eran muy finos y alargados, en horizontal. Los colores eran oscuros, rojos, Burdeos o marrones. Las cimas del labio eran redondas, a veces el labio superior se maquillaba mas largo. Y el rubor era muy discreto, casi siempre en un tono marrón.
En los años 40 lo más representativo era la boca, vulgarmente conocida como “la boca de asco”. El centro del labio superior se afinaba y se ensanchaba hacia las comisuras, creando esa mueca de asco. Seguía siendo una estética muy fría, con ausencia de color, las pieles seguían siendo claras, los ojos eran muy parecidos a los de los años 30, el sombreado era el de la media luna, también una banana marcada en marrón en forma descendente y la delineación superior del ojo marcada en negro, con un trazo muy fino. Máscara de pestañas arriba, sombra color marrón o crema en el párpado. Las cejas siguieron siendo finas. Y el rubor marrón, discreto y alargado. Una mujer que define muy bien esta década es Katherine Hepburn.
En los años 50 el maquillaje dio un cambio radical, las mujeres eran más femeninas, el blanco de la piel ya no daba esa sensación de enfermizo, si no que se empezaba a llevar un tono de piel mas saludable, tirando hacia moreno. Se introdujo el color en los sombreados, el ojo se marcaba con una forma abierta con eyeliner. Se marcaba una banana muy flojita en un tono azul o marrón se difuminaba muy bien y se marcaba la delineación superior con eyeliner cerrando en una forma de siete. La boca era forma de corazón, los labios tenían esa forma, ni gruesos ni finos y siempre en tonos oscuros. Un rubor marcado por debajo del hueso del pómulo. El maquillaje de los años 50 es uno de los más bonitos y más femeninos. La forma en que se marcaba el eyeliner es algo que se sigue haciendo, es un maquillaje muy discreto, pero sutil y sofisticado a la vez. Da siempre un punto de elegancia. Seguro que localizas este estilo si miras una foto de Marilyn Monroe.