viernes 17 de julio de 2009

Un libro y una linterna bajo una manta


"Las pasiones humanas son un misterio y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serían felices en algún lugar distinto y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.

La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.


Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado...


Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito...


Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido...


Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces."


Michael Ende, La Historia Interminable (1979)

Un libro de mi vida, una película de mi vida, un videoclip y una música de mi vida...

domingo 12 de julio de 2009

Secretos y verano


Foto: FRivera



And all I want is to hold your hand
To see the sun and walk the sand
You make me sad and you make me glad
And now you see that all my secret is this love
Is love, is love
All my secret is this love


Esta canción rememora bicicletas, pipas saladas, mágicos atardeceres, flashes de fresa, guitarras en la arena, tontos amores platónicos...

Rememora aquellos largos y tranquilos veranos que ya no volverán.




sábado 11 de julio de 2009

Un ángel sin cabeza



Una novela que me gustó muchísimo hace millones de años y que ahora no consigo encontrar es El ángel sin cabeza de la austriaca Vicki Baum (1880-1960). Al igual que le ocurre a otra escritora cuyas novelas también me parecieron siempre entretenidas, como es Daphne du Maurier, el balance sobre su obra es desigual, más bien tendiendo la crítica a no valorarlas en exceso.

Indagando un poco en la red tampoco hay mucha información sobre esta escritora que emigró a los Estados Unidos en 1931 y cuya obra fue prohibida por el régimen nazi dado su origen judío. Alcanzó la fama cuando su novela Menschen in Hotel fue llevada al cine y ganó en 1932 el óscar a la mejor película (Grand Hotel). Fue interpretada por las estrellas del momento como Greta Garbo, John Barrymore y Joan Crawford e inauguró ese género de películas corales que transcurren en un lugar de paso o un "no-lugar" augiano y donde se entremezclan diferentes historias. Baum siguió escribiendo novelas y guiones cinematográficos después de este primer éxito.

Un ángel sin cabeza o El lago de las damas de la Baum, el Viento del este, viento del oeste o La madre de Pearl S. Buck eran novelas que leyeron con fruición nuestras madres pero que también disfrutamos en su momento las hijas. Si las volviera a leer después de los veinte años que han transcurrido no sé si me gustarían tanto como en aquella época tan candorosa de la adolescencia.

Por lo que he leído ahora las novelas de la Baum eran prácticamente iguales en el transfondo aunque sucedieran en diferentes escenarios. La de El ángel sin cabeza transcurría en los primeros momentos de la guerra de independencia de México en 1810 y trataba de la historia de amor de una mujer noble casada - no recuerdo si de Weimar o Dresde - que se codeaba con personas de la talla de Goethe o de Von Humboldt y que se escapa a Nueva España con un noble español obsesionado por la explotación de las minas de plata de Guanajuato. Hay pasajes que no se me olvidan como una noche mágica ante el Orizaba, donde la protagonista es consciente de que está viviendo el momento cumbre de su relación y sabe que después ya nada volverá a ser igual, cuando ella cae enferma de viruela o cuando él va a la lucha a sabiendas que es su final, cuando ella escapa moribunda por un desierto y finalmente acaba ante la misma estatua de un ángel sin cabeza con la que se da inicio la novela... Todo un novelón romántico lleno de aventuras.

Me hubiese gustado incluir aquí un párrafo de los que me parecieron más líricos y que sucedían ante la contemplación del pico del Orizaba. Así que de momento incluyo uno de los pasajes de Grand Hotel en los que aparece Greta Garbo diciendo aquella frase célebre de "I want to be alone" y que tiene como fondo musical una interesante variación sobre la Barcarola de Tchaikovsky.


viernes 10 de julio de 2009

Arigata ya



arigata ya
fusuma no yuki mo
jodoo kara


Gracias sean dadas a lo alto;
la nieve sobre mi manta
también viene de la Tierra Pura.

Isaa Kobayashi (1762-1826)

domingo 28 de junio de 2009

Las maravillas de Von Erlach






Uno de los libros que más me fascinaba mirar y remirar cuando era bien pequeña era un gran tomo con muchas fotografías que había por mi casa que estaba dedicado a las maravillas del mundo. Lo que no sabía es que algunos de los grabados que contenía los había realizado uno de los arquitectos austriacos más reconocidos, Johann Bernhard Fischer von Erlach (Graz, 1656-Viena, 1723). Algunos de esos grabados luego los tuve que estudiar en la carrera, como es el caso de la reconstrucción de la famosa estatua crisoelefantina de Zeus en el templo de Olimpia realizada por Fidias. Creo que aquel libro que tenía mi padre fue en parte culpable, entre otras muchas causas, de que terminase estudiando Historia del Arte.

Estos grabados los publicó Fischer von Erlach en su libro Entwurf einer historischen Architektur (Bosquejo de una Arquitectura Histórica) editado en 1721 en Viena. Consta de cinco volúmenes con ilustraciones y comentarios y está considerada como la primera historia universal comparada de la arquitectura, con gran influencia posterior. Un verdadero anticuario de los monumentos en cuyo Entwurf, como ha señalado Françoise Choay, asocia la imaginación a una intuición histórica fundada en vastos conocimientos.

También tuve la suerte con el tiempo de conocer su arquitectura cuando visité Viena: la famosa iglesia barroca de San Carlos Borromeo o Karlskirche, o la Biblioteca Nacional austriaca, que fue terminada por su hijo. Una maravilla San Carlos que todavía podía haber disfrutado más si me hubiera atrevido a subir en un ascensor que habían habilitado pues se estaban restaurando los frescos de la cúpula... yo y mi miedo a las alturas.

Quería poner aquí algunos de esos grabados de las maravillas de la antigüedad. Sobre todo algunos de los que más me gustaban cuando era pequeña como el Coloso de Rodas o el mismo Faro de Alejandría, que ahora tenemos tan presente en la retina con el anuncio de la película de Amenábar.

lunes 22 de junio de 2009

Los cuadernos de Valéry




Es la memoria lo que hace del hombre una entidad.
Sin ella sólo tenemos transformaciones aisladas
.
Paul Valéry, Cahiers, III, 697.

El gran poeta francés Paul Valéry (1971-1945) creía que el pensamiento tiene "musculatura" y porque la tiene es preciso ejercitarla, tanto para evitar el anquilosamiento como para mostrar su fuerza. Por ello durante más de cincuenta años se levantaba de madrugada, entre las cuatro y las cinco de la mañana, y escribía durante tres o cuatro horas de temas diferentes. Disciplinaba así su mente en la quietud y en el silencio del alba, produciendo escritura pero también dibujos y pinturas.

Una sucesión ininterrumpida de notas que se acumulan en unos doscientos sesenta y un cuadernos y que constituyen el reflejo de toda una vida pues abarcan la variada y rica actividad de todo su pensamiento, con pretensión universalista y enciclopédica. Como ha señalado Sánchez Robayna: "es en la reproducción facsimilar de los manuscritos donde se percibe con claridad meridiana la multiplicidad del trabajo de sentido realizado por una mente que parece en continua efervescencia y que no cesa de interrogar los objetos del mundo y de interrogarse a sí misma".

Siempre me pareció Valéry un personaje curioso, muy propio de su época, puede que por su fascinación por la razón, como los hombres del siglo XVIII, como el propio Goethe, al que se le ha comparado, pues ambos también fueron hombres de letras fuertemente atraídos por las ciencias. Aquellos hombres de principios de siglo que creían en el positivismo y en la internacionalización de las ideas.

En cierto sentido me da pena tener abandonada esta bitácora puesto que es muy bueno ejercitar la escritura, el pensamiento y la memoria cada día, si uno se lo propone firmemente. Lo malo es el cansancio que hace que se cierren los ojos como ahora... y no saber ya ni lo que una escribe. Ya queda muy poco para que terminen estos días de trabajo intensivo...

lunes 15 de junio de 2009

Ten ahora fuerza





Mary Shelley: ¿Qué le ha pasado a Allegra? No me lo digas. No quiero saberlo. No puedo más.

Lord Byron: Allegra ha muerto, Mary. No quería compartir este dolor porque nadie puede hacer nada, ni por ella ni por mí. Tu dolor es tan inútil como mis palabras.

M.S.: Lo sabía. Ha sido él.

L.B.: ¿Él?

M.S.: En contra de la naturaleza di vida a esa infame criatura. Es el fruto de mi pretensión y orgullo. ¡Byron, nunca debí hacerlo!

L.B.: Estás cansada, Mary. Te comprendo. Yo también. Pero no fue la literatura lo que mató a Allegra. Murió hace una semana.

M.S.: Estoy hablando de mí. Esa criatura está dentro de mí. Puedo reconocerle. ¿Por qué mi hijo? ¿Por qué Allegra? Yo sólo sentía amor.

L.B.: Venga, Mary.

M.S.: Convence a Shelley de que no salga a navegar.

L.B.: Lo intentaré pero no me hará caso.

M.S.: Shelley vio la criatura en el convento. Yo también la vi. Vi el cadáver de Shelley devorado por los peces. Y a ti también, Byron. Vi tu cuerpo que yacía descuartizado en una habitación de paredes blancas. Ya sé de qué es mi criatura y el espíritu que la mueve. Todo viene de mí. Siempre he sido yo, desde mi nacimiento cuando maté a mi madre cuando me dio a luz. Mucho antes de que ella empezara a vivir fuera de mí. ¡No puedo detenerla! Dios mío, ¿qué puedo hacer?

L.B.: Si has tenido poder para escribir nuestro destino ten ahora fuerza para aceptarlo.



Remando al viento (Gonzalo Suárez, 1987)