Los placeres violentos terminan en la violencia,
y tienen en su triunfo su propia muerte,
del mismo modo que se consumen
el fuego y la pólvora en un beso voraz.
Shakespeare, Romeo y Julieta, acto II, escena VI
Ayer, entre suspiros y risas, vi la segunda parte de la película de la saga Crepúsculo. Y tengo que confesar que la disfruté bastante... a pesar del exceso de pectorales y músculos, todo sea dicho. Como dijo el chico que había mi lado a propósito de la escena en la que el licántropo se quita la camiseta para curar la herida de la chica: "¿es que no podía haber sacado un pañuelo?". Tan pensado para provocar la emoción de las chicas adolescentes que al final hasta provocaba la risa. Pero aún así y con todo, repito, disfruté como una "adolescente" más y me dejé llevar.
Los libros de Stephanie Meyer son tan profusos y se repiten tanto que me leí los tres primeros y confieso que soy incapaz de terminar Amanecer, que es el último de todos. Al menos las películas, las dos primeras, que son las que hasta ahora hemos podido ver en la gran pantalla, van directas al grano y captan muy bien el espíritu de las novelas. He leído por ahí que Luna Nueva trata de indagar en lo que hubiera pasado si Julieta hubiera sobrevivido a la tragedia shakesperiana. En el después de la relación entre una chica bastante normal, como es Bella Swan, y un atractivo vampiro bueno, como es Edward Cullen, nos queda la historia con el guapísimo hombre lobo Jacob Black. Y es que esta chica parece que solamente tiene ojos para los monstruos.
En vez de moverme, pensé en Julieta un poco más. Me pregunté qué habría hecho si Romeo la hubiera dejado, no a causa del destierro, sino por desinterés. ¿Qué habría ocurrido si Rosalinda le hubiera dado un día de tiempo y él hubiera cambiado de opinión? ¿Y qué hubiera pasado si, en vez de casarse con Julieta, simplemente hubiera desaparecido? Me parecía saber cómo se habría sentido Julieta. Ella no habría vuelto a su vida anterior, seguro que no. Yo estaba convencida de que nunca habría ido a otro lugar. Incluso si hubiera llegado a vivir hasta ser una anciana de pelo gris, cada vez que hubiera cerrado los ojos, habría visto el rostro de Romeo. Y ella lo habría aceptado, finalmente.
Me pregunté si al final se habría casado con Paris, sólo para complacer a sus padres y mantener la paz. No, probablemente no, decidí, pero de todos modos, la historia dice poco de Paris. Era un simple monigote, un cero a la izquierda, una amenaza, un ultimátum para forzar la mano a Julieta. ¿Y qué pasaría si se supiera más sobre Paris? ¿Qué sucedería si Paris hubiera sido amigo de Julieta? ¿Su mejor amigo? ¿Qué habría ocurrido si él fuera la única persona en la que pudiera confiar la devastación causada por Romeo, la única persona que realmente la comprendiera y la hiciera sentirse otra vez medio humana? ¿Y si él era paciente y amable? ¿Y si cuidaba de ella? ¿Qué sucedería si Julieta supiera que no podría sobrevivir sin él? ¿Qué pasaría si él realmente la amara y deseara que ella fuera feliz? ¿Y si ella quisiera a Paris? No como a Romeo, por descontado, ya que no había nada similar, pero sí lo bastante para que ella deseara que él también fuera feliz.
Si Romeo se hubiera ido realmente para no volver, ¿qué importaba si Julieta aceptaba o no la oferta de Paris? Quizás ella hubiera intentado conformarse con los restos que le quedaran de su vida anterior. Tal vez esto fuese lo más cerca que pudiera llegar a estar de la felicidad. Suspiré, y después gruñí cuando el suspiro me arañó la garganta. Estaba dando demasiada importancia a la historia. Romeo no hubiera cambiado de idea. Esa es la razón por la cual la gente todavía recuerda su nombre, siempre emparejado con el de ella: Romeo y Julieta. Y ése también es el motivo de que se la considere una buena historia. “Julieta se conforma con Paris” nunca habría sido un éxito.



























