Gracias al gran director John Ford, los geniales John Wayne y Maureen O'Hara constituyen una de las parejas más carismáticas del cine clásico. Con él rodaron tres maravillosas películas: Río Grande (1950), El hombre tranquilo (1952) y Escrito bajo el sol (1957). Con posterioridad volverían a protagonizar dos títulos más, MacLintock (Andrew V. McLaglen, 1963) y El gran Jack (George Sherman, 1971). Se llevaban trece años y fueron grandes amigos toda la vida.
La irlandesa (Maureen Fitzsimons) es una de las actrices más bellas del cine clásico - en agosto cumplirá noventa años -. Su madre era cantante de ópera y ella misma y sus hermanos también lo fueron, aunque la joven Maureen prefería la actuación. Fue descubierta por Charles Laughton en un casting, que quedó cautivado por sus bellos ojos. Su primera película fue La posada de Jamaica, de Hitchcock (1939) y todos la recordamos como la Esmeralda del Jorobado de Notre Dame o secuestrada por el pirata Morgan en El Cisne Negro, como la princesa Tanya de Los hermanos Barbarroja o como la atractiva madre de Yo a Boston y tú a California.
En 1979 declaró: "He tenido el privilegio de conocer a tres grandes hombres en mi vida: a mi padre, a John Wayne y a Charles Blair". Este último fue su tercer marido, un famoso aviador, con el que se casó en 1968. Y bueno... qué decir de ese gran hombre, el "Duke" John Wayne (1907, Winterset, Iowa-1979, Durango, México). Mejor seguir quedándonos con las palabras que también le dedicó la O'Hara: "Hablando como actriz, desearía que todos los actores fueran como Duke y como persona sería estupendo si todo el mundo pudiera ser tan honesto y genuino como lo es él. Es un hombre de verdad".
Por desgracia el mejor vídeo que he encontrado en Youtube que muestra la magia que había entre ellos dos no se puede insertar pero lo pueden ver aquí. El que pongo a continuación no está mal... aunque mejor escucharlo sin la edulcorada banda sonora de fondo.


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