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viernes, 2 de diciembre de 2011

La idólatra

"Yo ni siquiera concibo a Vd. sin Vd. Para mí es Vd. su boca, sus ojos, sus negros cabellos, que deseo acariciar con mis manos, su dulce voz y el regalado acento de sus palabras que hieren y encantan materialmente mis oídos, toda su forma corporal, en suma, que me enamora y seduce, y al través de la cual, y sólo al través de la cual se me muestra el espíritu invisible, vago y lleno de misterios. Mi alma, reacia e incapaz de esos raptos misteriosos, no acertará a seguir a Vd. nunca a las regiones donde quiere llevarla. Si Vd. se eleva hasta ellas, yo me quedaré sola, abandonada, sumida en la mayor aflicción. Prefiero morirme. Merezco la muerte: la deseo. Tal vez al morir, desatando o rompiendo mi alma estas infames cadenas que la detienen, se haga hábil para ese amor con que Vd. desea que nos amemos. Máteme Vd. antes, para que nos amemos así; máteme Vd. antes, y, ya libre mi espíritu, le seguirá por todas las regiones y peregrinará invisible al lado de usted velando su sueño, contemplándole con arrobo, penetrando sus pensamientos más ocultos, viendo en realidad su alma, sin el intermedio de los sentidos. Pero viva, no puede ser. Yo amo en Vd., no ya sólo el alma, sino el cuerpo, y la sombra del cuerpo, y el reflejo del cuerpo en los espejos y en el agua, y el nombre, y el apellido, y la sangre, y todo aquello que le determina como tal D. Luis de Vargas; el metal de la voz, el gesto, el modo de andar y no sé qué más diga. Repito que es menester matarme. Máteme Vd. sin compasión. No: yo no soy cristiana, sino idólatra materialista."
Juan Valera, Pepita Jiménez (1874)
Imagen: detalle del monumento a Juan Valera en el Paseo de Recoletos de Madrid, por Lorenzo Collaut Valera (1928)
Pepita Jiménez (Isaac Albéniz, 1896)

domingo, 10 de octubre de 2010

To be left desolate

"I will be your neighbor, your nurse, your housekeeper. I find you lonely: I will be your companion - to read to you, to walk with you, to sit with you, to wait on you, to be eyes and hands to you. Cease to be melancholy, my dear Master; you shall not be left desolate, so long as I shall live."
Charlotte Brontë, Jane Eyre (1847)
Imagen

jueves, 2 de octubre de 2008

Una declaración (II)




"I can listen no longer in silence. I must speak to you by such means as are within my reach. You pierce my soul. I am half agony, half hope. Tell me not that I am too late, that such precious feelings are gone for ever. I offer myself to you again with a heart even more your own than when you almost broke it, eight years and a half ago. Dare not say that man forgets sooner than woman, that his love has an earlier death. I have loved none but you. Unjust I may have been, weak and resentful I have been, but never inconstant. You alone have brought me to Bath. For you alone, I think and plan. Have you not seen this? Can you fail to have understood my wishes? I had not waited even these ten days, could I have read your feelings, as I think you must have penetrated mine. I can hardly write. I am every instant hearing something which overpowers me. You sink your voice, but I can distinguish the tones of that voice when they would be lost on others. Too good, too excellent creature! You do us justice, indeed. You do believe that there is true attachment and constancy among men. Believe it to be most fervent, most undeviating, in
F. W."
Persuasión, Jane Austen (1818)

lunes, 29 de septiembre de 2008

Querido señor Knightley...








"Se pusieron a andar juntos. Él guardaba silencio. Emma tenía la impresión de que de vez en cuando la miraba de reojo, como si quisiera leer en su rostro más de lo que a ella le convenía dejar entrever (…).
- Hace un momento le he interrumpido muy bruscamente, señor Knightley, y temo haberle ofendido… Pero si desea hablar francamente conmigo como amiga, o pedirme la opinión sobre cualquier cosa que tenga usted en proyecto… como amiga estoy a su disposición. Escucharé todo lo que quiera decirme. Y le diré exactamente lo que piense.
- ¡Como amiga! – repitió el señor Knightley-. Emma, lo que temo es una palabra… No, no, prefiero que no… Sí, quédese… ¿por qué voy a vacilar? Ya he ido demasiado lejos para poder ocultarlo ahora… Emma, acepto su ofrecimiento… Por raro que pueda parecerle, lo acepto y me confío a usted como amiga… Dígame… ¿Puedo tener alguna esperanza?

Se interrumpió como para dar más énfasis a su pregunta, mientras con la mirada dominaba completamente a la joven.
- Mi querida Emma –siguió diciendo-, porque querida lo será usted siempre para mí, sea cual sea el resultado de esta hora de conversación, mi querida Emma, mi amada Emma… contésteme en seguida. Diga “no” si es eso lo que tiene que decir.
Emma era absolutamente incapaz de decir nada, y él exclamó muy excitado:
- ¡Se calla usted! ¡No dice nada! Por ahora no pregunto más.
Emma estaba casi a punto de desvanecerse por la emoción de aquellos momentos. Entonces el sentimiento más acusado en ella era el temor a despertar del más feliz de los sueños."


Mi queridísimo señor Knightley, ¿dónde se ha metido usted? Aquí Emma, la insensata e imprudente Emma, le echa muchísimo de menos.