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martes, 26 de abril de 2016

Bodegón


Caravaggio (ca. 1595-1600)

"Una explosión amortiguada de morbidez y aspiración metafísica (...)
Son frutas de finales del verano, suculentas en su madurez pero que han empezado a pasarse".

Andrew Graham-Dixon, Caravaggio: una vida sagrada y profana (2012).

lunes, 13 de mayo de 2013

Gabinetes de Ryuryukyo Shinsai


Neceser de costura y ropa de cama
Ryuryukyo Shinsai
ca. 1816
Metropolitan Museum
Nueva York


Surimono
Ryuryukyo Shinsai
ca. 1800
British Museum
Londres

jueves, 9 de agosto de 2012

¿Autorretrato?


Cuando veo el rostro del Nazareno de Huércal-Overa siempre me parece que su autor, Francisco Salzillo, se autorretrató en él. Es una idea totalmente subjetiva sin ningún rigor científico pero aún así, dado lo informal que es esta Wunderkammer, me permito esta pequeña licencia.
El retrato del famoso escultor lo hizo Joaquín Campos probablemente poco después de su muerte, en 1783, para acompañar a la biografía escrita por Luis Santiago Bado para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. En la actualidad se encuentra en la Biblioteca Nacional. El Nazareno data de 1745, por lo que, de ser un autorretrato, podríamos ver en él a un Salzillo mucho más joven, de unos treinta y ocho años. ¿Autorretrato?
Como decía: una extravagancia.

martes, 11 de octubre de 2011

No demos al dolor más territorio

No demos al dolor más territorio
ya bien ves, corazón, que no se sacia.
Vuelve tus cantos a lo alegre: hacia
el adentro cordial de tu sensorio.


Vuelve a tu infantil interrogatorio
con el mar, con la aurora, con la acacia,
con el paisaje vario, que se espacia
bajo un cielo perenne e ilusorio.


Aún se dora la tarde de limones
mientras la acequia entre la yerba canta
a viva voz, a claros borbotones.


Despierta, corazón; anda, levanta
el dormido caudal de esas canciones
que te afloran del pecho a la garganta.


Francisco Sánchez Bautista, A modo de glosa (soneto XXIV), 1963



Amor mío, si muero y tú no mueres,
no demos al dolor más territorio
amor mío, si mueres y no muero,
no hay extensión como la que vivimos.

Polvo en el trigo, arena en las arenas
el tiempo, el agua errante, el viento vago
nos llevó como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.

Esta pradera en que nos encontramos,
oh pequeño infinito! devolvemos.
Pero este amor, amor, no ha terminado,

y así como no tuvo nacimiento
no tiene muerte, es como un largo río,
sólo cambia de tierras y de labios.

Pablo Neruda, Cien sonetos de amor, soneto XCII (1959)

Imagen 1: Almela Costa (1900-1989), Crisantemos.
Imagen 2: Pedro Cano (1944)

sábado, 8 de octubre de 2011

En la tierra de nadie

En la tierra de nadie, sobre el polvo
que pisan los que van y los que vienen,
he plantado mi tienda sin amparo
y contemplo si van como si vuelven.

Unos dicen que soy de los que van,
aunque estoy descansando del camino.
Otros «saben» que vuelvo, aunque me calle;
y mi ruta más cierta yo no digo.

Intenté demostrar que a donde voy
es a mí, sólo a mí, para tenerme.
Y sonríen al oír, porque ellos todos
son la gente que va, pero que vuelve.

Escuchadme una vez: ya no me importan
los caminos de aquí, que tanto valen.
Porque anduve una vez, ya me he parado
para ahincarme en la tierra que es de nadie.

Carmen Conde, En la tierra de nadie (1960)
Granadina, Hermenegildo Anglada Camarasa (1914)
Actualmente en exposición en el Museo de l'Orangerie de París

sábado, 25 de junio de 2011

El vino de los amantes

Le Vin des amants
Aujourd'hui l'espace est splendide!
Sans mors, sans éperons, sans bride,
Partons à cheval sur le vin
Pour un ciel féerique et divin!


Comme deux anges que torture
Une implacable calenture
Dans le bleu cristal du matin
Suivons le mirage lointain!

Mollement balancés sur l'aile
Du tourbillon intelligent,
Dans un délire parallèle,

Ma soeur, côte à côte nageant,
Nous fuirons sans repos ni trêves
Vers le paradis de mes rêves!

Charles Baudelaire
Imagen: El pintor y su mujer, Lovis Corinth (1902)

lunes, 20 de junio de 2011

Du liebtest mich doch

(...) Y cuando la brisa nocturna, húmeda y cálida, que penetra por la ventana abierta cerca de mí, da tan extrañas formas a las volutas del humo, llevándolas hacia la mate oscuridad adonde no alcanza la lámpara de pantalla verde, me siento seguro de estar ya soñando.
La cosa es grave entonces, pues esa seguridad suelta las riendas a la fantasía. (...)
Impresiones recibidas antaño por el sentido de la vista se renuevan de modo extraño, evocando los mismos sentimientos de entonces.
Con qué interés observo cómo se hace ansiosa mi mirada, tratando de captar aquel rincón en la oscuridad. Aquel lugar, del cual va decantándose cada vez con más claridad una luminosa imagen. Cómo la absorbe; o cree hacerlo, pero es feliz al mismo tiempo. Es decir, que se entrega cada vez más, recibe cada vez más, se alucina, fabrica su propio embrujo más... cada vez... más.
Y he aquí, con toda claridad, como entonces, la imagen, la obra de arte de la casualidad. Surgida de lo olvidado, recreada, configurada, pintada por la fantasía, esa artista de talento fabuloso.
No es grande, sino pequeña. No está completa en realidad, pero es tan perfecta como entonces. Pero se difumina infinitamente en la oscuridad, hacia todos los lados. Un todo. Un mundo... Tiembla en su interior la luz y una honda armonía sin sonidos. Ninguno de los alegres rumores exteriores puede penetrar. Exteriores no ahora, quizá, sino entonces.
Abajo deslumbra el damasco; motivos de plantas y flores cruzan, se redondean y se entrelazan. Sobre él, el plano transparente de cuya base se eleva esbeltamente la copa de cristal, llena a medias de oro pálido. Delante, soñadoramente extendida, una mano. Los dedos reposan, inertes, sobre el pie de la copa. Un anillo plateado abraza uno de ellos, y sobre aquél sangra un rubí.
Desde la delicada muñeca, el delicado crescendo de las formas que quieren ser brazo se borra en el conjunto. Un dulce enigma. La mano de mujer descansa, soñadora e inmóvil. Sólo en la parte de esa blancura mate que cruza blandamente el azul claro de una vena se percibe el pulso de la vida, existe el ritmo lento y violento de la pasión. Y al notar mi mirada, se acelera más y más, se hace más salvaje, hasta llegar al estremecimiento, y a la súplica: Déjame...
Pero mi mirada gravita pesadamente, con placer cruel, como entonces. Gravita sobre la mano, en la que late temblorosamente la lucha con el amor, el triunfo del amor... como entonces... como entonces...
Lentamente se desprende del fondo de la copa una perla, flotando hacia arriba. Como la alcanza la luminosidad del rubí, llamea en color rajo de sangre y muere de súbito en la superficie. En este instante todo quiere desaparecer, como turbado, y por mucho que la mirada se esfuerce en revelar dibujando los suaves contornos.
Ahora desapareció; se perdió en la oscuridad. Respiro hondo, pues me doy cuenta de que eso lo había olvidado. Como también entonces...
Al echarme hacia atrás, cansado, me traspasa el dolor. Más ahora ya sé tan seguro como entonces: Tú me amabas realmente... Y es por eso por lo que ahora puedo llorar.
Thomas Mann, Visión (Estudio en prosa), 1893.
Imágenes: Giovanni Boldini.

miércoles, 20 de abril de 2011

Nazarenos de Ballester



La procesión desfila, y tras algunos pasos ruedan sobre carritos las largas tubas, seguidas de los arcaicos tambores, que han de dar son lúgubre en las paradas. Suenas las tubas destempladas, que es empresa tremenda la de llenar de aire larguísimo instrumento, y redoblan los tambores con compás arcaico y lúgubre. Y así desfilan los pasos llevados en andas por los hombres de la huerta murciana, con sus calzones moriscos y sus medias repicadas, y acompañados por la emoción de todo un pueblo.
José María Cossío (1958)
Imágenes: exposición "Los nazarenos de Mariano Ballester", Museo Salzillo de Murcia (abril-junio 2011)

martes, 5 de abril de 2011

Cuaderno del desorden

Este cuaderno no es más que el diario del desorden que va de un grupo de dibujos a otros...
Valerio Adami

lunes, 21 de marzo de 2011

EAR versus Primavera

"Vuelvo a subir por enésima vez, a la Akrópolis por la ladera norte desde el Ágora Antigua. 
Acompaño a la imaginada procesión a los Propileos. 
Allí me siento a ver pasar el mundo, los pinos y las palomas me acompañan.
Cuando cruzo al interior la luz dorada hace transparentes las columnas y los templos levitan sobre la colina. El pequeño olivo del Erektión se ha hecho grande y entre los verdes y los grises de sus hojas centella esta luz en recuerdo de su Diosa."
"Sueños y más sueños... " (Odysseas Elytis)
A vueltas con una pasión griega, mil veces añorada y vivida, 
que excava en el tiempo espirales de eterno retorno.
La huella de una hoja de olivo
se deja ver, en las viejas piedras, 
entre las metopas y las columnas.
Mientras, dardos de amapolas se encienden al atardecer.
Y al final de todo un mar, siempre el mar, 
como el sueño profundo de un pájaro, 
cuya sombra vaga por campos amarillos...

martes, 15 de marzo de 2011

En la tranquila noche


El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.
Rubén Darío

A mi querida amiga y maestra C. por descubrirme esta pintura y por mil cosas más

sábado, 20 de noviembre de 2010

Intermezzo

Éste ha sido un mes de noviembre movido que me ha mantenido alejada de este pequeño gabinete. Dejémoslo en ordenador roto, varicelas, inmersión en presupuestos parlamentarios y más y más trabajo, hoy todavía acumulado. Algunas cosas que me han llamado la atención han quedado como notas pendientes en el escritorio. Una de ellas es esta estupenda fotografía de Martínez Bueso con motivo de la inauguración de la Fundación Pedro Cano de Blanca. Creo, además, que refleja bien el estado anímico.

miércoles, 23 de junio de 2010

Hopeless


Hay días en los que es mejor correr un (es)tupido velo... O será esta infección de garganta mal diagnosticada lo que me está dejando Hopeless... Adiós, día... anda, ve... y a ver si con un poco de suerte te quemas en una hoguera de San Juan.


Our hopes and expectations
Black holes and revelations



lunes, 31 de mayo de 2010

El gabinete de Rebeca

... La señora de Winter solía usar el gabinete por la mañana.
(...)
Este era un cuarto de mujer, gracioso, delicado, el cuarto de alguien que hubiera escogido con gran cuidado cada uno de los muebles, para que cada silla, cada florero, cada detalle estuviera en armonía con el todo y con la personalidad de su dueña. Parecía como si hubiera puesto el cuarto diciendo: "Esto, para mí; y esto, para mí. Y esto, y esto también". Eligiendo entre los tesoros de Manderley todo lo que le había agradado, rechazando lo corriente y lo mediocre, eligiendo con seguro instinto únicamente lo mejor de lo mejor. No había allí mezclas de estilo ni confusiones de época y el resultado era de una perfección sorprendente y aun asombrosa, no fríamente severa como la del salón que se enseñaba a los turistas, sino lleno de vida, compartiendo algo del resplandor y la exuberancia de los rododendros que se estrechaban bajo la ventana.
(...)
Me senté al escritorio y me extrañó que aquel cuarto tan encantador y perfecto de colorido, fuese al mismo tiempo tan práctico, tan marcadamente eficiente. No sé, pero hubiera yo supuesto que una habitación como aquella, amueblada con gusto tan exquisito no obstante la exagerada profusión de flores, tenía que ser un lugar de belleza pura, íntimo y bueno para el descanso.
Pero aquel escritorio, aunque bellísimo, no era un lindo juguete donde una mujer se sentara a escribir cartitas, mordiendo la pluma y abandonándolo luego durante varias semanas, con la carpeta algo torcida. Las casillas interiores estaban marcadas: "Cartas pendientes", "Cartas para archivar", "Casa", "Finca", "Menú", "Varios", "Direcciones". Las etiquetas estaban todas escritas con aquella letra muy sesgada y picuda que yo ya conocía, y me sorprendió, casi me sobrecogió, al reconocerla, pues no la había vuelto a ver desde que quemé la página del libro de versos, y creí que nunca más la volvería a encontrar.
Rebeca, Daphne du Maurier (1938)

Pintura: Carl Larsson (1895)
Fotografía: Set de rodaje de la película Rebeca (1940, Alfred Hitchcock). Casa del embarcadero.

Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940)

sábado, 20 de marzo de 2010

Comienzos de la primavera

Primavera precoz, Guo Xi (1072) Museo de Taipéi

Hay pasajes pintados que atravesamos o contemplamos; otros en los que podemos pasear; otros también en los que quisiéramos permanecer o vivir. Todos estos paisajes logran el grado de excelencia.
No obstante, aquellos en los que quisiéramos vivir son superiores a los demás (...)
Tal es el deseo provocado por la pintura. Anhelamos tomar el sendero que serpentea a través del humo azulado, o echar una mirada al reflejo del ocaso en el río apacible; quisiéramos vivir la experiencia de los ermitaños en su retiro en el corazón de la montaña, o paseamos entre las rocas surgidas de los acantilados empinados. La pintura debe suscitar en quien la contempla el deseo de estar en ella; y la impresión de lo maravilloso que genera la rebasa, la trasciende.
Guo Xi, El alto mensaje de los bosques y de las fuentes

domingo, 7 de marzo de 2010

El hogar


No se ha puesto el sol todavía
y aún no ha empezado la feria
que han montado en la ribera.
Pensé que había perdido
todo mi tiempo y mis monedas;
pero no, hermano mío, algo me resta aún.
La suerte no me lo ha quitado todo.


He acabado mi negocio.
Están hechas las cuentas
y regreso a mi hogar.
¿Qué he de pagarte, guardián?
Tranquilízate, algo me resta aún.
La suerte no me lo ha quitado todo.


Se ha detenido el viento
y las nubes oscuras y bajas del crepúsculo
no anuncian nada bueno.
El agua espera callada el vendaval.
Voy a pasar al otro lado del río
pues tengo miedo de que caiga la noche.
¿Me pides el dinero de¡ viaje, barquero?
Sí, hermano mío, algo me resta aún.
La suerte no me lo ha quitado todo.


Un mendigo se ha sentado
a la vera del camino debajo de un árbol.
Me mira esperando con timidez.
Es muy posible que crea que llevo mucho dinero.
Sí, hermano mío, algo me resta aún.
La suerte no me lo ha quitado todo.


Ya ha caído la noche
y se ha desvanecido el camino desierto.
Brillan las luciérnagas en medio de las frondas.
¿Quién me andará siguiendo en silencio,
ocultándose si me vuelvo a mirar?
¿Quieres robarme, verdad?
Pues no te marcharás con las manos vacías,
pues algo me resta aún.
La suerte no me lo ha quitado todo.


Luego, cuando a medianoche llego a mi casa
con la bolsa sin nada,
tú me estas aguardando a la puerta,
con un mirar ansioso,
insomne y silenciosa; y te echas en mi regazo
como un tímido pájaro, llena de amor.
Sí, sí, ¡Dios mío! ¡Cuánto me resta aún!
¡La suerte no me lo ha quitado todo!

 Rabindranath Tagore, "El hogar".

jueves, 28 de enero de 2010

Yo por Athena... hace más de 10 años


Lo primero de todo pedir perdón por haber conservado este dibujo tan mal... así que la expresión de la cara en esta magnífica caricatura va que "ni que pintada" (¡perdónnnn!). La tuve perdida una temporada y otra vez me ha costado encontrarla... ya saben los que me conocen que el orden no es lo mío. Ni la puntualidad, claro. Así que el retrato es genial, llegando yo, así, como deslizándome, después de ir corriendo a todas partes. Como siempre.

La caricatura me la hizo Athena en el año 1999, o sea, hace más de diez años. Años en los que he cambiado mucho, sobre todo en el aumento de masa corporal... Que estaba yo entonces mucho más guapa, las cosas como son. Aquel año estaba casada desde hacía pocos meses, dando clase en la universidad solamente un par de años y a punto de leer la tesis doctoral. Y le estaba impartiendo a una promoción brillantísima una asignatura de 4º de Historia del Arte llamada "Arquitectura Contemporánea". Buen ejemplo de ello es la autora de la caricatura, una alumna excelentísima. Qué buenos recuerdos... y cómo pasan los años.

Athena, yo creo que la fecha que pone ahí es del día que me la dio, ¿verdad? Sé que me la ha pedido muchas veces y que debería haberme hecho una copia pero es que le tengo mucho cariño. Ahora en la Wunderkammer va a estar mucho mejor conservada y lo que voy a hacer, si finalmente me la regala "del todo" es enmarcarla como se merece (bueno, la verdad es que le he hecho una foto y no la escaneado... por eso salen más las arrugas del papel... ya estoy poniendo la expresión esa otra vez, jajaja). Un superabrazo, Athena, y no sabe usted bien lo contenta que estoy de que sigamos frecuentándonos por estos lares.

domingo, 24 de enero de 2010

Tierra de luz




Vos seáis la bienvenida


El Santuario de la Vera Cruz es un inmenso relicario en piedra y una poderosa atalaya desde la que se domina y controla el territorio. El cerro sobre el que se levanta fue a la vez defensa de la frontera y lugar de reposo de la divinidad que escogió en los días inciertos de la Reconquista este lugar para mostrar su alianza con la causa cristiana, colaborando con su presencia a fortalecer el poder mágico de la montaña.
Cuando el peregrino se acerca a Caravaca percibe desde la lejanía la silueta poderosa del castillo y la forma con que sus almenas envuelven aquel joyel de piedra, para proteger con sus erizadas cresterías el Lignum Crucis venido del cielo y a la ciudad plácidamente extendida por las laderas del monte. La alcazaba escribió la historia de dos ciudades como la vieja Atenas. La ciudad alta, separada por una vigorosa cintura de piedra, otea el horizonte y, con su mirada vigilante, garantiza la seguridad a la otra, confiadamente expandida a la sombra de los muros.
Esa relación convierte las estrechas y empinadas callejuelas de conexión entre ambos núcleos en itinerario de empinadas y tortuosas calles, trazadas en la falda de la montaña como si siempre hubieran rendido perpetuo tributo a la reliquia. Por ellas, el peregrino asciende fatigosamente tras haber orado bajo el cobijo de las altas bóvedas de El Salvador, suspendida su mirada de las ingeniosas geometrías que cubren la iglesia nunca acabada. El perfil de la fortaleza crece a medida que su proximidad la convierte en bastión inexpugnable de torres y tránsitos que van a morir ante los muros del relicario trazado por Fray Alberto de la Madre de Dios. Los colores de la construcción son un poderoso atractivo que excita la imaginación, desde la tonalidad terrosa de los sillares hasta la policromía de la fachada, singular canto a la Cruz, venerada en una oscura capilla, cuyas conmovedoras sombras acrecientan el enigma de su origen y esconden los secretos de su misteriosa llegada.
Cristóbal Belda Navarro, Caravaca, tierra de luz (2009).


Estas palabras expresan muy bien uno de mis rituales favoritos con los que he cumplido cada vez que he tenido la suerte de visitar esa mágica ciudad. Y hace ya unos cuantos que la visité por vez primera aunque no sé precisar si fue con mis padres o con el colegio. Un ritual que consiste en subir la montaña con sus empinadas cuestas anhelando el encuentro con algo misterioso que se encuentra al final del camino. Siempre asocié Caravaca a la cruz, a las yemas y a mi propio nombre, pues probablemente de allí viene. Las palabras citadas pertenecen al libro Caravaca, tierra de luz, publicado con ocasión del año jubilar que en este 2010 se celebra.
Es uno de los regalos que más me han gustado de esta pasada Navidad. Está magníficamente editado gracias al cuidado y elaborado diseño de Paloma Zamora. Los textos pertenecen al maestro, Cristóbal Belda, las acuarelas, impresionantes, son de Martínez Mengual y las fotos de Hernández Pina, Joaquín Zamora y de la misma Paloma, que también ha seleccionado los poemas que acompañan las imágenes. Ya he dicho alguna vez por aquí lo que me gustan los libros de la editorial Darana. Son auténticas joyas de la edición y una siempre los guarda con mimo en la destartalada biblioteca. Cada uno tiene personalidad propia y cuando los abres te hablan, con su armoniosa distribución de imágenes, palabras y colores. Una siempre se sumerge en ellos con placer sabiendo que nunca te van a defraudar. Son una experiencia única y aunque su nombre no se incluya el alma de Carlos Moisés se respira igualmente aquí. Felicidades Paloma porque vuelas sola... vuelas muy alto y vuelas sensacionalmente bien. Y sobre todo gracias, gracias mil.

lunes, 1 de junio de 2009

Velázquez, mi creencia



El genio de Velázquez no está, como el de los otros, en guerra; sin nada violento ni contrastado carece, pues, de brillo, de signo, de señal. Por eso la comprensión auténtica de su obra, de esa obra que no tiene dificultad ninguna, es, sin embargo, tan difícil. La falta de dificultades que hay en la obra de este desdeñoso sutil es lo que permite al hombre sencillo llegar, por lo menos, hasta donde la obra comienza; lugar modesto, si se quiere, pero nada falso, y a donde el artistizante no se asomará nunca.

Hemos dicho que no se trata aquí de un gusto personal; extremando las cosas podría decir que la obra velazqueña casi no me gusta. El cuadro de "Las Meninas" o el paisaje azul de la Villa Médicis los considero la verdad, la verdad completa, es decir, son para mí mucho más que el propio gusto, ya que no se me oculta que mi gusto, nuestro gusto puede muy bien ser una mentira. Pero tan lejos como está Velázquez de ser mi gusto, lo está también de ser una conclusión intelectuosa. No es ni mi gusto ni mi pensamiento, sino mi creencia.

Por cierto que no siempre tuve esa fe. Nuestras creencias son, sin duda, innatas y fatales, pero tardan en revelarse, ya que más que vivir, solemos pasar como por encima de nuestra vida; aunque también es posible que vivir no sea más que eso, que un constante renunciar, precisamente, a nosotros."

Ramón Gaya, Velázquez, pájaro solitario (1945-1984)

domingo, 29 de marzo de 2009

La ciudad está tranquila





"Como todos los trabajos de Guédiguian, éste está interpretado por los mismos actores, está dotado de la misma textura argumental coral y está ambientado en la misma época y escenario: el barrio marsellés de L'Estaque. No necesariamente un barrio depauperado ni marginal, simplemente un microcosmos de amargos desencantos y realidades. Ni la balsámica presencia del sol y el mar Mediterráneo puede disipar la negra nube que se ciñe sobre el alma desesperada de los protagonistas, interpretados todos ellos con el rigor y nervio habitual en esta troupe erigida casi en compañía estable del teatro de antaño. Varias historias se entrecruzan en la película. Historias que avanzan y se mezclan y que hablan sobre desengaños, sobre luchas perdidas de antemano y sobre una cierta fe ciega en el abismo."

Ismael Alonso, crítica en La Butaca sobre
La ciudad está tranquila (La ville est tranquile, Robert Guédiguian, 2000)


Imágenes: Paul Cézanne (1883-1885)



Marius et Jeannette
(Robert Guédiguian, 1997)