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domingo, 13 de febrero de 2011

La bebida, Lo mejor de la vida y New York

"Barbara tomó un sorbo de su martini. El vidrio de la copa estaba helado, y la bebida muy fría y caliente al mismo tiempo.
-Mira qué rápido se han terminado las bebidas -dijo-. Se han tomado dos mientras nosotros esperábamos la primera. Sé cómo se siente ella, he hecho eso yo misma en alguna que otra ocasión.
-Bueno, ¿y por qué ha salido con él?
-Seguro que comparte piso con otras dos chicas y quiere librarse de ella un rato. No lleva medias, probablemente sus compañeras se las han cogido todas prestadas.
Sidney entrecerró los ojos.
-Tiene unas piernas bonitas. Seguramente es una de las razones por las que él ha salido con ella.
-¿Cuáles son las otras?
-Dímelas tú.
-No -repuso Barbara-. Tú hablas en nombre de los hombres.
-Parece tan aburrido ahora mismo que yo diría que solo quiere llevársela al catre.
-Pobrecilla. El año que viene ya estará casada; siempre es igual.
-Pero no con él.
-Ni hablar."
Rona Jaffe, Lo mejor de la vida (1958)
El pasado fin de semana leía en el Magazine el artículo de Javier de Muelas sobre la aclamada obra de José Luis Garci, Beber en el cine. De inmediato recordé un libro que leí esta Navidad, Lo mejor de la vida de Rona Jaffe, escrito en 1958 y que ha servido de inspiración a series míticas de televisión como Sexo en Nueva York y Mad Men (sí, Athena, sé que debería haber escrito una reseña en Lecturas Reunidas). Me llamó la atención la de veces que aquellas mujeres de la década de los cincuenta que por fin comenzaban a independizarse gracias a trabajos como secretarias -por desgracia casi nunca bien remunerados y aún peor considerados- aparecían bebiendo copas y más copas a lo largo de todo el día. Mujeres que han de luchar por demostrar que son más que meras secretarias, madres y/o esposas y que tienen la misma capacidad, creatividad e inteligencia en el mundo de los negocios que los hombres. Y el mundo que aparece en el libro, muy bien pergeñado, es el de la industria editorial y el de la incipiente industria del diseño publicitario.
La novela de Jaffe fue todo un éxito en su momento y curiosamente el tiempo no la ha tratado mal, más bien al contrario: aquellas chicas que perseguían ambiciones en la ciudad que en aquel entonces era el centro comercial, financiero y artístico más importante del mundo, no se diferencian mucho de las que imaginara Candace Bushnell para su famosa columna de Sex and the City. Nueva York era la libertad soñada: "Las jóvenes ya no se quedaban en casa pudriéndose de aburrimiento, y menos aún si vivían en un lugar como Port Blair". Habitan un decorado con vida propia en el que la gente persigue altas metas, que para las protagonistas de Rona Jaffe llegan a ser muy inalcanzables, terminando casi todas por abandonar, en más de un sentido, aquel estruendoso y fascinante lugar y por ende, su sueño original.


"April vio las luces de la ciudad a lo lejos, y sin saber por qué eso le produjo una tristeza inmensa. Era la primera vez que al ver Nueva York, al saber que entraba una vez más en la ciudad de sus sueños, no le embargaba la emoción. Estaba demasiado nerviosa para tener sueño, pero se sentía muy cansada. ¡Qué complicada se había vuelto la vida! En aquella ciudad había tanta gente, haciendo cosas distintas, cada cual con su propia vida y sus anhelos, tan diferentes de los del vecino... eso te obligaba de vez en cuando a detenerte y mirar alrededor para encontrar tu propia identidad".
Pero a pesar de los anhelos y rutinas, las decepciones y amarguras, la esencia de Nueva York penetrará bien en las cicatrices del alma, tanto de las que no se conforman con los giros inesperados que da la vida como de las que conformándose ven cómo la vida les depara una salida sorprendente. Porque otra bandada de jóvenes volverá a habitar la ciudad, generación tras generación, persiguiendo una meta, "con una copa en la mano", con una maravillosa sensación de libertad e invulnerabilidad, de ser invencibles y poderosos, como bien expresa la famosa canción que tan bien cantara Frank Sinatra:
Start spreadin' the news,
I'm leavin' today
I want to be a part of it,
New York, New York...
These vagabond shoes
Are longing to stray
Right through the very heart of it,
New York, New York...
I wanna wake up in a city
That doesn't sleep
And find I'm king of the hill,
Top of the heap...
These little town blues
Are melting away
I'll make a brand new start of it,
In old New York...
If I can make it there,
I'll make it anywhere
It's up to you,
New York, New York...
I want to wake up in a city
That never sleeps
And find I'm A-number-one,
Top of the heap,
King of the hill,
A-number-one...
A-a-a-nd if I can make it there,
I'm gonna make it anywhere
It's up to you,
New York, New York...
New York...

domingo, 28 de noviembre de 2010

Dos Aelitas, de Marte y de Matrix

Aelita es la protagonista de la serie francesa de dibujos animados Código Lyoko (Thomas Romain, Tania Palumbo, 2003). Además de verla por la televisión también nos estamos leyendo las aventuras de los chicos de la escuela Kadic que se virtualizan para entrar dentro del mundo de Lyoko y luchar contra el virus XANA. 
Pero indagando sobre el nombre de esta chica virtual de pelo rosa, hemos visto que su origen está en la protagonista de la novela de ciencia ficción que Alexei Tolstoi escribiera en 1922 y que llevó al cine dos años más tarde Yákov Protazanov. Lo más curioso de Aelita, la reina de Marte, además de la historia en sí, es el diseño de los trajes y decorados constructivistas de Aleksandra Ekster. Dice la Wiki que su influencia puede verse en Flash Gordon y en la misma película de Metrópolis de Fritz Lang (1926). Imaginación, desde luego, no les faltó.

lunes, 16 de agosto de 2010

Avatar y/o Airbender

En los últimos meses hemos procurado no faltar nunca a la cita: a las 5 de la tarde merienda... y Avatar: la leyenda de Aang en Nickelodeon. Aunque todo sea dicho, este canal de televisión es prácticamente el único que se ve en mi casa. Así que esta serie de producción americana que se estrenó en el año 2005, obra de Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko, es una de nuestras aficiones más recientes. Con lo cual esperábamos con ahínco el estreno de la película de M. Night Shyamalan.
No tenía muy claro si la película comprimía toda la serie, cosa que era prácticamente un imposible. Y, en efecto, sólo se ha rodado el primer libro, el del Agua, que se corresponde con la primera temporada. He estado leyendo todas las críticas negativas y demoledoras hacia el director de El sexto sentido y en algunas cosas hay que reconocer que llevan razón. Sobran las tres dimensiones y parece que entusiasma mucho más a los menores de diez años que a los mayores. La serie de televisión es excelente y como todo anime tiene su punto de humor y de sentimiento, que arranca la sonrisa y la lágrima de los pequeños y no tan pequeños, a lo que se le une una historia original, unos personajes muy atrayentes, unos diseños originales y así un largo etcétera. Viendo la serie he disfrutado con planos fascinantes que daban como resultado cuadros abstractos de gran belleza. Con lo cual el famoso y denostado director hindú lo tenía muy difícil. No entiendo que algunos seguidores se hayan cabreado porque se hayan variado algunos elementos de la historia porque prácticamente está todo copiado, escenarios incluidos. Cosa que le ha encantado a mi nena y que nos ha sorprendido a nosotros que esperábamos más originalidad.
Aún así la hemos disfrutado muchísimo y ya estamos deseando ver la segunda parte de la película. Lo que no sé yo es si dejarán que Shyamalan la ruede. Poor man...
P.S. Por cierto, un verdadero horror el doblaje al español de la voz de Aang... aaggh.

sábado, 3 de octubre de 2009

Más del baúl de los recuerdos



¡Qué buen rato! Vengo del cine de ver la estupenda versión de aquella serie de dibujos animados producida por Alemania y Japón en 1974, Vickie el vikingo, y que según la Wikipedia pudimos ver en España al año siguiente aunque a mí me suena que fuera algo posterior.

Me he puesto a buscar mi primer disco de vinilo, que llevaba todas las canciones de los dibujos que veíamos de pequeños (Mazinger Z, en la portada, Heidi, Marco...) y que incluía la canción de apertura de la serie que ahora ha interpretado El Canto del Loco. He encontrado mi tomo 49 de Películas de la colección Jovial, con los cómics de las aventuras del ingenioso Vickie, que era uno de mis preferidos.

La película está muy bien y todos los personajes se pueden identificar rápidamente. Así que he disfrutado como si fuera pequeña otra vez...



Vicky el vikingo (Wickie und die starken Männer, Michael Herbig, 2009)

martes, 25 de agosto de 2009

... Y Volver a Empezar

Terminábamos temporada con una entrada dedicada a la película Gilda y a los buenísimos comentarios de los contertulios de aquel mítico programa presentado por José Luis Garci, ¡Qué grande es el cine!, que inició su andadura en Televisión Española allá por el año 1995.

Por eso me gustaría retomar por donde lo dejé y empezar curso con la película Volver a empezar, dirigida y producida por José Luis Garci en 1982 y que consiguió el primer y merecidísimo primer oscar del cine español. Curiosamente ésta es de las películas que o bien gustan mucho o bien producen un frontal rechazo... pocos son los que se quedan a mitad de camino. Nada más hay que echar un rápido vistazo a las críticas insertadas por los lectores de Filmaffinity, un sitio que siempre me gusta visitar. Yo, sin duda, me enclavo en el primer grupo.

Con tan sólo ver las secuencias iniciales de la película en el que el protagonista inicia su periplo de despedida por su Gijón natal, uno sabe que está ante una gran obra. Me emocionó en su momento en el cine, cuando era una cría, y me ha emocionado todas y cada una de las veces que la he visto posteriormente. Todavía hoy mismo, viendo en el Youtube la famosa escena entre Antonio Ferrandiz y José Bódalo en el que se conoce el sentido de toda la película, no dejo de emocionarme.

Me dan igual las críticas que hablan de que es una película sensiblera y me da igual que la música sea en exceso repetitiva, pues quién no se deleita con las múltiples versiones aquí presentes del Canon en Re Mayor de Pachelbel y del Beguin the Beguine de Cole Porter... Bueno, sí lo habrá, ¿y qué?... Yo sí me deleito... y en todos los sentidos.

Gracias, Garci, por aquel mítico programa y por aquella gran película.

jueves, 19 de marzo de 2009

Waltzing Mathilda




El otro día hablábamos del himno oficioso de Oklahoma. Otra de esas canciones vitalistas que también conforman el himno no oficial de una tierra es el Waltzing Mathilda australiano.

Los que fuimos niños en la década de los ochenta lo recordamos por aquella serie que fue coproducción hispano-australiana que se llamaba El valle secreto y que ponían todos los lunes a las ocho de la tarde en la segunda cadena, allá por 1982. Era una melodía de lo más pegadiza y la letra decía así:

I had a dream I could ride across the mountaintop
Right on the ways where the sea turns blue
Young trees, gumtrees
Rising till they touch the sky

I know a place where it all comes true

I know a valley I know a valley
My secret valley the world has to see..

Parece ser que la melodía proviene de una antigua canción popular y el que le puso letra fue el poeta nacionalista australiano "Banjo" Peterson (1864-1941) en 1895. Cuenta la historia de un vagabundo que acampa junto a un lago para tomar té y al acercarse una oveja para beber agua la roba para comérsela. El terrateniente llama a la policía pero el vagabundo prefiere tirarse al lago y ahogarse antes de ser detenido. Su fantasma es el que vaga por los parajes e invita a los viajeros que pasan por allí a bailar el vals con él. Según la wiki la canción celebra el desafío de la gente pobre frente al poder de los ricos.

Le dedico la entrada a mi pequeño sobri, el cual disfruta de lo lindo con esta canción y siempre que se la ponen en el coche insiste en que se la repitan una y otra vez. También a mi hermano, pues echamos a suertes quién escribía la entrada y en realidad deberíamos haberla escrito mano a mano entre los dos. Así que, dear brother, queda la entrada abierta a tus sugerencias. Y mientras, bailemos el vals de Mathilda y a disfrutar de la vida mientras podamos.




martes, 17 de marzo de 2009

Galáctica, estrella de combate








Galáctica, estrella de combate fue una de mis series de televisión favoritas de todos los tiempos. Intentaba no perdérmela en hora de sobremesa, ya que se emitió en verano. Por aquel entonces creo que todavía no teníamos vídeo por lo que no la pude grabar en mi supervídeo Betamax. Por cierto, era un trasto que funcionaba de maravilla, tanto que hasta hace muy pocos años todavía podía ver mis viejas cintas ochenteras, aunque ya con dificultad. Un invento de la Sony con mejores prestaciones en todos los aspectos, por su mayor calidad en la grabación de la imagen y por ser más amanosa, que las cintas en sistema VHS que, sin embargo, fue el que ganó la batalla comercial.

Pero a lo que íbamos... Que la serie sobre aquella supernave que iba errante por el espacio, como último reducto de la civilización humana, al mando del comandante Adama (el gran Lorne Greene, el patriarca de Bonanza) perseguida sin cesar por los destructivos cyclones, fue uno de aquellos productos para la televisión que inevitablemente marcaron la infancia de niños que en el cine eran seguidores de películas de ciencia ficción tan relevantes como La Guerra de las Galaxias (1977), Encuentros en la Tercera Fase (1977) o Superman (1978) - por no hablar de series de dibujos míticas con muchas concomitancias con Galáctica como Ulises 31 (1981).

Yo seguía cada día las aventuras de los pilotos Apolo y Starbuck a bordo de sus invencibles naves. Me gustaba el personaje de Sheba porque era de las pocas chicas piloto que formaba con ellos la patrulla de combate. Y me encantaba el personaje de Athena, la hermana de Apolo, que estaba enamorada de Starbuck pero con el que no tenía nada que hacer pues además de ser un rompecorazones siempre se decantaba por la rubia Casiopea.

Indagando sobre la serie lo que más me sigue gustando es la introducción de los capítulos y la música, que estaba muy bien. La película que se hizo en su momento, que era como el episodio piloto, también merecía la pena. De hecho, fue de las series más caras para televisión que se produjeron en aquel momento. Confieso que no he visto nunca el remake de la serie actual...

domingo, 22 de febrero de 2009

miércoles, 4 de febrero de 2009

Como el perro y el gato




Hoy abrimos el cajoncito de nuestro gabinete dedicado a parejas policiacas rebosantes de atracción (como bien saben, y si han leído pasadas entradas, una de mis grandes aficiones). Una de mis preferidas eran las formadas por el muy americano teniente James Dempsey (Michael Brandon) y la muy británica sargento (sargenta que diría la ministra Aído) Harriet Makepeace (Glynis Barber), que trabajaban en Scotland Yard.

La serie se estrenó en España en 1987 y se podía ver los domingos por la tarde a partir de las ocho, creo que antes que emitieran Luz de luna (¿o llegaron a coincidir?) y llevó por título Como el perro y el gato. Duró tres temporadas y constó de treinta y siete capítulos. La pareja siempre estaba a la gresca y a la vez sufrían una irresistible atracción y lo más divertido era el ver cómo chocaban dos estilos diferentes de vida, el de un rudo poli de Nueva York y el de una meticulosa hija de un noble británico experta en tecnología. El tercero en discordia era el inspector jefe Gordon Spikings, que era el mediador de ambos (vamos, como el Walter Skinner de Expediente X).

Los dos actores tenían mucha química, tanta que hasta se enamoraron y así siguen hasta ahora. Bueno, supongo, al menos siguen casados. Yo leí en su momento dos novelas que se escribieron cuando se emitió la serie y hoy día las guardo como reliquias.

Dejo aquí este vídeo que está en Youtube y que incluye escenas del primer episodio. Está amenizado con el inefable tema Can't take my eyes off you que fue escrito en 1967 para Frankie Valli, luego tantas veces versionado, como es el caso de los Boys Town Gang de San Francisco en los años ochenta.


viernes, 26 de diciembre de 2008

Love and Marriage


Dice el Señor Denon en la entrada de felicitación de Navidad que ya no nos comunicamos y me ha hecho mucha gracia (¿estoy de psiquiátrico?). Sobre todo cuando el verificador de palabras del blogspot, que es muy guasón, me decía que pusiera la palabra "emotion". Me ha recordado a Arcadia, aquel divertido episodio de Expediente X de la temporada 6 en que Mulder y Scully tienen que fingir que están casados. Hay un momento en que ella lo echa de la cama con la cara cubierta de mascarilla verde. Él coge la almohada y se va murmurando “The thrill is gone” (ya no hay pasión, tradujeron). El más divertido es cuando él le dice en plan mandón, “Mujer, vuelve aquí y hazme un sandwich” y entonces ella le tira los guantes a la cara y se larga. A lo que él responde “¿Es que no hablo claro?”.

Dejo aquí un vídeo de esa maravilla que es el Youtube para una buscadora de recuerdos como soy yo. Son fragmentos de ese episodio amenizados con Love and Marriage, fantástica canción interpretada por Frank Sinatra.

¡El cabecero de la cama de la foto es idéntico al mío!



martes, 9 de diciembre de 2008

Los vaqueros de Brooke




Le tomo la palabra a Athena y cuelgo aquí un anuncio de unos vaqueros de Calvin Klein de 1980. Muy buena su idea de hacer una serie de anuncios de nuestras vidas.

Yo creo que éste no se debió pasar en la televisión española. Yo desde luego no lo recuerdo.

Lo que tiene de especial es su protagonista, la guapísima Brooke Shields, que ya desde niña era una belleza espectacular.

Ay, quién pudiera llevar unos vaqueros con ese garbo.

P.S. La primera imagen es de Brooke con su familia anunciando toallas y ropa de cama. En las imágenes de abajo anuncia de niña y ya de mayor la pasta de dientes Colgate.



sábado, 6 de diciembre de 2008

¿Comenzamos la Navidad?



Somos conscientes de que no se deben poner adornos de Navidad antes de la Inmaculada. Así que aunque nos pongamos a la par que los anglosajones que comienzan a poner sus adornos el día de San Nicolás, es decir, hoy mismo, proclamamos la Navidad con este anuncio tan entrañable (versión 1970 y 1980).

Yo le he pedido la Nancy de toda la vida a los Reyes Magos, ¿me la traerán?

Por cierto, no hemos aguantado hasta el lunes para empezar a montar el Belén.


sábado, 29 de noviembre de 2008

Expediente X y Los Simpsons






Decía Ramón Monedero que a él la serie que más le gusta es Los Simpsons. Como a mí la que más me gusta es Expediente X aprovecho para colocar aquí las fotografías del mítico episodio en el que Mulder y Scully van a Springfield para investigar un caso paranormal.

Del mismo modo, Homer Simpson apareció en el capítulo The Beginning, el primero de la temporada 6 de Expediente X. Dejo aquí también ese fragmento y de paso le dedico a Ramón esta entrada.

Por cierto, en la última imagen aparece al fondo, fumando y apoyado en un archivador, el personaje de El Fumador del que hablé ayer al comentar el episodio piloto. En esa misma posición aparece por vez primera en la serie.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Quiero creer









Llevo bastante tiempo con ganas de dedicar una entrada a mi serie favorita de todos los tiempos, Expediente X.

Por hacer un poco de historia, comenzó en 1993 y ya desde el principio fue todo un éxito. Se emitió en televisión hasta el año 2002 y dicen que no se supo adaptar bien al nuevo panorama geopolítico que supuso el atentado de las torres gemelas de Nueva York. Estoy totalmente de acuerdo, de hecho la serie debió acabar al final de la temporada 7, como era el deseo de David Duchovny. Pero no, Chris Carter, productor y creador, quiso seguir explotando la máquina de hacer dinero y se sacó del bolsillo dos temporadas más que nunca debieron realizarse.



La primera película para la gran pantalla se hizo en 1998 y fue todo un éxito. Ella marca también un antes y un después en la serie puesto que a partir de entonces todo empezó a decaer un poco. Era como un episodio más que se insertó en la trama entre las temporadas 5 y 6. Por aquellos momentos apareció el personaje de Diana Fowley, la tercera en discordia, que aunque no estaba bien trabado, aportó un elemento de interés en la extraña relación de los dos agentes del FBI.

En cuanto a la segunda película, estrenada el pasado julio de 2008, he de decir que a mí me gustó bastante. Al menos se clausuraba la historia con un final más digno que el que había planteado la serie. Era como un episodio clásico en el que Mulder volvía a ser el hombre que no se detiene a la hora de resolver un caso y paradójicamente agnóstico en cuanto a religión se refiere. Dana Scully trabaja ahora en un hospital y se ve enfrentada a los dilemas de la fe y al deseo de que su vida continúe con la calma de esos últimos años en los que los ex-agentes han permanecido relativamente escondidos. Pero como dice Mulder al final, hagan lo que hagan la sombra siempre les perseguirá.

Este verano la Fox sacó un DVD con esos episodios de la serie que era imprescindible conocer para seguir la película y que llegaban hasta la temporada 6 (con lo cual más razón para los que pensamos que debió acabar ahí o poco más adelante). Algunos de ellos coinciden con mis favoritos y consta de lo siguientes capítulos: Piloto (1x01), Beyond the sea (1x12), The Host (2x02), Clyde Bruckman’s Final Repose (3x04), Memento Mori (4x15), Post-modern Prometheus (5x06), Bad Blood (5x12) y Milagro (6x18).

Episodio piloto (1x01): Es de la mano de la agente Scully como nos adentramos en la serie. Su misión desde el principio es la de desbancar el trabajo del agente Fox Mulder, al frente de una unidad dedicada a la investigación de fenómenos paranormales y, por ende, de aquellos casos que no pueden explicarse de una forma lógica. Cuando sus superiores le informan de la naturaleza de su trabajo ya vemos al siniestro personaje de El Fumador, apoyado en un archivador sin decir palabra. Así fue retratado magistralmente en ese memorable episodio de los Simpsons dedicados a los X Files. El momento cumbre es cuando Dana Scully baja al último rincón del sótano donde se encuentra el despacho de Mulder, que al verla entrar, le dice “Aquí el menos querido del FBI” y ya comienza a abordarla con su peculiar personalidad. Ay, chicas, esa corbata, esas gafas… (“Repórtese, Wunderk” – dice el Sr. Denon). En su peculiar despacho destaca el póster con la frase “I want to believe”, que es uno de los leiv motivs de la serie. En el capítulo aparecen elementos que serán constantes a partir de entonces: el viaje a un rincón perdido, un viejo motel, luces misteriosas y, especialmente, una química muy especial entre los dos federales, distintos pero complementarios. Se enclavaría, además, dentro de lo que podría denominarse como un expediente x clásico, con final y abierto cerrado, con un caso de por medio y con elementos de la denominada mitología.

Clyde Bruckman’s Final Repose (3x04): este episodio, junto con Home (4x02) o Chinga (5x10), son de los más terroríficos de toda la serie. En el segundo intervino en el guión Stephen King y cada vez que lo veo y oigo a la dichosa muñequita decir “Quiero jugar”, se me pone la carne de gallina porque si hay algo que me da pavor son las muñecas de porcelana. Home está basado en La matanza de Texas y, lo mismo pasa, ya de ver la casa de esa en apariencia idílica granjita es que dan ganas de echar a correr. Bruckman es este entrañable señor que vaticina que Scully nunca morirá, algo que se nos vuelve a revelar en Tithonus (6x10) en el que aparece ese fotógrafo obsesionado con la muerte que nos recuerda a El fotógrafo del pánico (Michael Powell, 1960) o más de refilón a Blow up (Antonioni, 1966).

Memento Mori (4x15): este episodio le valió a Gillian Anderson un premio Emmy, pues es una magnífica actriz, y está en conexión con los episodios que clausuran la temporada 4 y dan comienzo a la 5, es decir, Gethsemane, Redux I y II, que son mis favoritos de la mitología junto con los que clausuran e inauguran las temporadas 2 y 3, Anasazi, The Blessin Way y Papel Clip. En Memento se confirma el cáncer de Scully y se intensifica la culpa de Mulder por ver hasta dónde llegan las consecuencias por la búsqueda incesante de la verdad. También son los que confirman ese Amor con mayúsculas de Mulder y Scully. Uno de los momentos cumbre de la serie es cuando Mulder va a visitar a Scully al hospital. Ella está dormida y él llora junto a ella. De nuevo se encuentra en un dilema; el Fumador le ha ofrecido unirse a su grupo y así salvarse. Lo ha tentado enseñándole a su hermana, cuya búsqueda es la obesión de su vida. Incluso habla con ella, que le dice que el Fumador es un hombre bueno y es el padre que ella ha conocido toda su vida. Pero Mulder vuelve a la mañana siguiente con la decisión tomada que revela a Scully. Él siempre la escoge a ella, lo que significa la Verdad y la honestidad, el camino adecuado, aunque eso le suponga el no saber. Esa mirada que se echan los dos… una sonrisa emocionada, es irrepetible. Saben que pueden encarcelar a Mulder y como ella está en el lecho de muerte, a punto de morir, son conscientes de que puede ser la última vez que se vean. Y esas manos enlazadas que se resisten a separarse…

El personaje de El Fumador es uno de mis favoritos. En Musings of a Cigarrette-Smoking Man (4x07) sabemos que no sólo está en el meollo de las conspiraciones alienígenas sino también en las políticas, como la muerte de Kennedy o de Martin Luther King. El que además sea el padre biológico de Mulder, como el Darth Vader de La Guerra de las Galaxias, también da emoción a la serie. La frase que más lo caracteriza es aquella en la que dice: “Puedes matar a un hombre, pero no puedes matar la idea que defiende. No sin antes doblegar su espíritu. Eso es algo hermoso de ver”. También es la excusa que le permite mantener vivo a Mulder.

Post-modern Prometheus (5x06): este capítulo debe mucho a la película El Hombre Elefante de David Lynch (1980) y, por supuesto, al Frankenstein de Mary Shelley. Igualmente Twin Peaks, la serie de Lynch (1990-91) también es un referente de Expediente X. La postmodernidad siempre está presente: la mezcla de diferentes niveles de cultura, de géneros, la deconstrucción, las citas, la duda que implica las diversas lecturas de la verdad. Otro episodio que siempre veo enclavado en este apartado es el de Humbug (2x20), el de aquel circo poblado de seres de lo más extraños, como el personaje de Enigma. Es muy ¨Wunderkammer¨, además. Este Prometeo Postmoderno también se enclava dentro de esa serie de episodios divertidos, distendidos, en los que hay autoparodias, como Jose Chung´s “From Outer Space", Small Potatoes, Bad Blood… En muchos de ellos aparecen los divertidos Tiradores Solitarios que son unos freakis absolutos. Tengamos en cuenta que Expediente X surge a la par de la difusión de internet por lo que no es de extrañar que los personajes de estos informáticos locos y paranoicos sean el espejo en el que se miran muchos de los seguidores típicos de la serie.

Y, en fin, como es mi serie favorita y la sigo tanto tiempo podría decir miles de cosas más. Yo recomiedo también leer toda la literatura del ámbito del fanfiction que circula por la red, con muy buenos autores que han venido a completar muchos vacíos sin explicar que dejaba la serie. De entre ellos destacaría a Syntax6, Dasha K., Prufock´s Love, Punk Maneuverability, Jill Selby, Shalimar, Tesla, Brandon Ray o Mish. Incluso en la temporada 8 se hizo un episodio que homenajeaba a estos autores, en concreto a Leyla Harrison, que murió muy joven.

Esta entrada da para mucho. Por lo tanto continuará.

jueves, 13 de noviembre de 2008

A Murder Mistery








Soy una apasionada de las novelas de misterio. Ya desde pequeña acompañaba a Los Cinco de Enid Blyton en sus aventuras. Pero fue definitivamente con Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores cuando se destapó del todo esta afición. Recuerdo novelas magistrales como Los tres investigadores y el gato de trapo. Aquel Jupiter Jones era un niño prodigio con una inteligencia desbordante ¡los misterios que lograba resolver!

Eran lecturas que siempre quedaban reservadas para los veranos, o ya de mayor, incluso, las leía a escondidas en etapas en que he necesitado desconectar de algo aunque sintiendo cierta culpabilidad por parecer que estaba perdiendo el tiempo (lo malo del investigador, que de por vida es un eterno estudiante). Nunca he leído tanta literatura clásica como cuando tenía quince años. Así que, por supuesto, por entonces disfruté con algunas de las novelas de Agatha Christie o leí clásicos que conocía por el cine negro como El halcón maltés de Hammett. También leí todo lo que pude de Sherlock Holmes, el rey de los investigadores creado por Sir Arthur Conan Doyle. Ya, en los últimos años, he descubierto al autor que en parte se encuentra en el origen de este tipo de género literario, Mr. Wilkie Collins. El conde italiano que aparece en La dama vestida de blanco (1860) es uno de los antagonistas más extraños con los que me he topado. Un hombre tremendamente gordo y misterioso que atrae a las mujeres, una especie de atracción fatal que también está presente en las historias de vampiros.

Muchos de estos libros con series de detectives los he leído a la inversa, desde la mitad hacia atrás o hacia adelante. He leído casi todo lo de Patricia Cromwell, especialmente las novelas protagonizadas por la doctora Skarpetta. O las de Michael Connolly con su detective Harry Bosch, que vive en una casa colgante semiderruida por los terremotos en Los Angeles. O las de Anne Perry, con ese Londres fascinante del siglo XIX y la pareja formada por el amnésico y misterioso Monk y la valerosa enfermera Hester. Y últimamente he leído toda la serie de novelas de Charlie Parker de John Connolly, pues me atrae ese aire fantasmagórico que desprenden, la lucha titánica entre el bien y el mal, esos ángeles negros atormentados que nos acechan. En un polo opuesto, tanto por el tono como por trasladarnos del oscuro Maine a la soleada California, estaría la desenfadada detective Killsey Millhone, de Sue Grafton, con el alfabeto del crimen. También es muy atrayente el detective sueco Kurt Wallander, creado por Mankell, y me gustó especialmente en Los perros de Riga. Mi pareja favorita de la literatura española es la de los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, personajes creados por ese gran escritor que es Lorenzo Silva.

Me gustan muchísimo las dos novelas que ha escrito el irlandés John Bemville bajo el pseudónimo de Benjamin Black. Su protagonista, el médico forense Quirke, es un personaje fascinante que cumple muchos de los tópicos que tienen estos detectives, es decir, problemas con el alcohol o con las relaciones familiares.

Podría seguir con el cine y las series de televisión y estaríamos hablando hasta mañana. Seguro que si tuviéramos que elegir una pareja del cine negro todos nos quedaríamos con Humphrey Bogart y Lauren Bacall. De los últimos tiempos escogería la adaptación de la novela L.A. Confidential escrita por James Elroy y, cómo no, una de las películas con las que más miedo pasé, El silencio de los corderos.

Este tema daría para muchas entradas… Porque ahora estoy pensando en esas parejas de policías míticas del cine y las series de televisión, tanto chico-chico que juegan a poli malo poli bueno (o poli algo loco como el sargento Martin Riggs, que ha de soportar el pobre Murtaugh, en Alma Letal), como chico-chica que viven eso que en el fanfiction llaman UST, unresolved sexual tension. Por supuestísimo, mis favoritos son Mulder y Scully. Ese enfrentamiento de opuestos que se complementan, donde uno aporta la intuición y lo paranormal, y la otra la racionalidad de la ciencia pero también la fe a partir de la religión, ha dado lugar a momentos únicos en la historia de la televisión (sé que no soy objetiva...). Detrás de ellos están Laura Holt y Remington Steel o Maddie y David de Luz de luna… los buenos ratos que he pasado yo viendo estas dos series. De los últimos tiempos me gustan la doctora Brennan y Booth de Bones aunque han querido imitar a los inimitables, mis queridos fibbies de Expediente X, que siempre serán los mejores, al menos hasta la temporada 7 de la serie incluyendo las dos películas para la gran pantalla.

Y… bueno… ¡Cuántas cosas se quedan por decir! Seguro que me las dejo en el tintero.

P.D. Amenazo con seguir.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Blue Sunday





El domingo por la tarde suele ser uno de los momentos de bajón de la semana, algo así como los lunes por la mañana ("I don´t like Mondays, decía la famosa canción de Bob Geldof que relataba un trágico suceso real que le aconteció a un niño que se suicidó).

Siguiendo con la nostalgia otoñal, inevitablemente me retrotraigo a los momentos de mi infancia. Los domingos por la tarde solíamos pasarlos en casa de mi abuela, donde sus hermanos y sus hijas iban a visitarla, tanto a ella como a mi bisabuela, para terminar jugando al parchís y tomar riquísimos cafés con leche y galletas María. Los hombres iban a la Condomina o si el Real Murcia jugaba fuera entonces oían la radio o veían la televisión para ver cómo se desarrollaba la liga. Creo que entonces estaba el Estudio Estadio 1 y luego a partir de las 9 ponían el Estudio Estadio 2. O lo mismo eso sucedió mucho más tarde..., no lo sé. Ese día comíamos allí, por lo general arroz o asado, bajo el espejo de sastre de mi abuelo y una espléndida acuarela de Victorio Nicolás de una de sus típicas casas huertanas con parra y palmeras. La televisión estaba puesta todo el día y recuerdo programas como La Casa de la Pradera, más tarde la reposición de Curro Jiménez, el cine mudo de Chaplin y Buster Keaton y, sobre todo, la serie de anime japonés Candy Candy.

Aquellos dibujos animados no se los perdían muchas de aquellas chicas que habían crecido viendo Heidi, Marco o La Abeja Maya pero que ya a esa edad se sentían identificadas con las aventuras y desventuras de esta niña huérfana que crecía en un orfanato, como Ana de las Tejas Verdes y luego era adoptada por una familia, sobre todo cuando Candy crecía y vivía sus amores platónicos con Anthony primero y Terry después. En España la serie finalizó antes de tiempo, cuando este último se marchaba a América. Parece que tuvo un final un tanto triste y rocambolesco por lo que, sabiendo lo que pasó después, fue casi mejor que la serie acabara ahí. Candy Candy era de lo más romántica y lacrimógena, aún así, una, que es un tanto masoquista para estas cosas, disfrutaba muchísimo con todo el drama. Todavía recuerdo la letra en japonés del comienzo y final de la serie. Era un recuerdo que quería archivar en uno de los estantes de esta Wunderkammer. Así que ahí queda, convenientemente archivado y minuciosamente etiquetado.