"Venecia, donde nunca había estado y que tanto había deseado ver, me hablaba más a los sentidos que al alma: sus monumentos, cuya historia no conocía y cuya belleza no entendía, me importaban menos que el agua verde, que el cielo estrellado, que la luna plateada, que los atardeceres dorados y sobre todo menos que la góndola negra en la que, tendida, me abandonaba a los más voluptuosos caprichos de la imaginación. En los arduos calores de julio, al final de un día de fuego, una brisa fresca me acariciaba la frente mientras iba en barca entre la Piazzetta y la isla de Santa Elena, o más lejos, hacia Santa Isabel y San Nicolò del Lido; aquel céfiro impregnado del acre aroma salobre que me reanimaba los miembros y el espíritu, parecía susurrar a mis oídos los férvidos misterios del verdadero amor. Metía el brazo desnudo en el agua hasta el codo, mojando la puntilla que adornaba la manga corta; luego miraba cómo me caían una a una las gotas de las uñas y parecían brillantes purísimos. Una tarde me quité el anillo, regalo de mi marido, en el que brillaba un gran diamante y lo tiré a la laguna, lejos de la barca: era como si me hubiera casado con el mar."
Senso (Camillo Boito, 1882)Senso de Luchino Visconti (1954), trailler original en italiano. Las escenas venecianas aquí.





